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De repente, el cansancio


Cada día intento no pensar en ello, intento hacer mi actividad dentro de sus limitaciones, si me canso paro, y después continuo. Es fácil.
Pero cuando llega ese día, en que te cuesta hasta respirar, es entonces cuando maldices hasta ese pajarillo que canta en la ventana. Estoy en la cama y me resisto a dejarmen vencer, no me da la gana que esto pueda más que yo. Y cuando intento escribir una palabra que no recuerdo, y que está en la punta de la lengua, casi me dan ganas de llorar. Dicen que a menudo que crecemos las neuronas se comportan de una manera extraña. Envejecen, como nosotros y se producen esos lapsus, esas interrupciones temporales, esa caida de ojos en que sólo tienen ganas de dormir. Quizás sea esa la causa, pero cuando veo a esas mujeres con 60 y tantos que salen a pasear, que van a bailar, que hacen mil y una actividades, siento tanta envidia y tanta rabia. Estoy muy cansada, sólo tengo ganas de tumbarme y descansar hasta mañana, y no es que halla corrido la maraton ni haya subido Les Cingles d'En Berti, ni siquiera he ido andando hasta el colegio de mi hija. De repente, estás tranquilamente sentada y te sobreviene un cansancio atípico, unas ganas de desconectar del mundo y de que el mundo se olvide de ti. Estos días me siento mutiliada.

SINDROME DE FATIGA CRONICA


¿Cómo puedo saber si tengo síndrome de fatiga crónica?
Si usted responde "sí" a cualquiera de las siguientes preguntas, usted puede tener síndrome de fatiga crónica (CFS o "Chronic Fatigue Syndrome"), que también lleva el nombre de síndrome de disfunción inmune de fatiga crónica (CFIDS o "Chronic Fatigue Immune Dysfunction Syndrome").

¿Alguna vez se ha sentido cansado (fatigado) por largos períodos de tiempo--más de 6 meses--aunque esté descansando lo suficiente y no esté trabajando muy duro?
¿Alguna vez el doctor no le ha podido encontrar la causa para alguna enfermedad o síntomas?
¿Hace usted menos de 1/2 de lo que lograba hacer antes, porque se siente cansado?
¿Ha tenido usted problemas recurrentes o persistentes por 6 meses o más con 4 o más de las indicaciones o síntomas mencionados abajo?
Dolor de garganta
Nódulos linfáticos adoloridos o sensibles en el cuello o las axilas
Dolor inexplicable en los músculos
Dolor que se mueve de articulación a articulación pero que no incluye enrojecimiento o hinchazón
Dolores de cabeza muy diferentes a los que sufre usualmente, o dolores que hacen que toda la cabeza le duela
Problemas con la memoria corta o su concentración
Sentirse cansado por más de 24 horas después de hacer ejercicio, que antes no le molestaba en nada hacer.
Problemas durmiendo

Las personas con CFS también pueden tener otros síntomas.

EL HOSPITAL

Cuando me llegue la hora, no quiero morir en un hospital. Una visita a urgencias, un lunes por la tarde, y te das cuenta de la impersonalidad, la saturación, el eco de la vida y la muerte, el desconsuelo y la soledad.

Hombres, mujeres y niños con expresiones vacías, con la paciencia cargada en los hombros y esa cara de "qué le vamos a hacer". Primero una cola, el interrogatorio de una ATS que decidirá si tu mal es urgente o no. Después la sala de visita. Silencio. Se rompe el silencio cuando alguien comienza a explicar que su hijo se rompió el pie y fue al hospital de Mollet, donde no le hicieron ni una radiografía, nada. Lo mandaron para casa con el pie roto. Otra señora que comenta que está esperando que la llamen desde las doce de la mañana. Por el altavoz se oye "Mohamed (no recuerdo el apellido) acuda a mostrador". Un señor que entra y la señora que tengo al lado le explica la situación de aquel chico del pie roto, deben ser marido y mujer. Él le dice que se va, que ha de recoger a, supongo, su hija del colegio. Claro, son las cinco de la tarde y salen los niños de los colegios. Me llega un extraño presentimiento, si aquello está abarrotado de gente, no quiero pensar cómo estará cuando salgan los niños de los colegios, algunos tosiendo, otros con dolor de cabeza o fiebre. No sé, es algo que pienso siempre porque al trabajar en un colegio, me di cuenta que muchos padres y madres envían a sus hijos a la escuela aunque estén enfermos para no perder un día de trabajo y cuando acaban su jornada laboral, es la ocasión de ir a urgencias. Triste, pero cierto.

Bueno son pensamientos a los que te dedicas cuando sabes que tienes unas cuántas horas por delante sin nada qué hacer. Poco a poco, me he acostumbrado a esperar, no sé porqué. Cuando era joven no tenía tanta paciencia. Las cinco y media y nos llaman, parece ser que para traumatología no hay tanta gente.

El camino hacia el box, es un viaje al infierno. Gente en sillas de ruedas, en camillas, de pie, esperando y nos miran con una cara de… nada. No tienen expresión, no son más que cuerpos o ánimas en pena. Si Dante viviera, representaría su Divina Comedia en los pasillos de urgencias de un hospital.

Y aún no ha llegado el invierno metereológico.

El dolor


CONTRA EL DOLOR CRÒNIC


No recuerdo un solo día de mi vida en que no me doliera algo. Cuando era más joven era la migraña la que no me dejaba vivir en condiciones, después de tener a mi hija fue la ciática, la lumbalgia, la cervicalgia, el vertigo, los hombros; me levantaba por las mañanas como si no hubiese dormido en toda la noche, como si "me hubiesen dado una paliza"...
No, no te acostumbras nunca al dolor, lo sobrellevas lo mejor que puedes, si es que puedes. La gente sí que se acostumbra a que cuando te preguntan :¿Cómo te encuentras? , les digas que ni bien ni mal, y como se acostumbran ya ni te lo preguntan. Dan por hecho que siempre les dices lo mismo. Te acaban ignorando. Y lo peor que puedes escuchar es que te digan:"Es que siempre estás enferma"


Sin tener en cuenta las noches que he pasado yo sola sentada en un sofa, aguantando el dolor, sin que nadie se enterase, las mañanas, los atardeceres, las noches sola diciéndome a mí misma: Mañana no te dolerá nada, ya lo verás.
Eso sí, jamás me dejo vencer por la depresión. Quiero vivir, quiero hacer todo lo que pueda según mis posibilidades, quiero sentirme viva por que lo estoy. Y a fuerza de fármacos, a fuerza de golpe de fe, a fuerza de arrastrar los pies, a fuerza de decirme a mí misma que no puedo parar hasta que esté definitivamente muerta, a fuerza de mí misma, sigo adelante.

LA CIUDAD DONDE TODO LLEGÓ

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