Para mí la única magia que siempre ha tenido el verano es la de todas las horas que tenía por delante para no hacer nada. Además, el calor invitaba a sentarte en un lugar fresquito y pensar y pensar sin parar. Y es por eso, que para mi el verano huele a hojas de un libro y a maquina de escribir, a libretas y a bolígrafos. Cabe decir que la TV nunca me llamó demasiado la atención y como solo había dos canales pues tampoco te dejaban demasiado donde elegir. Debo agradecer a esos dos canales todo el tiempo libre que tenía en verano.Al trasladarnos de una ciudad pequeña a una grande, se acabó el estar en la calle todo el día. Mi madre tenía miedo que nos atropellara un coche o se nos llevara el hombre del saco. Así que había que estar todo el día metido en casita aguantando como se podía la calor. Y así, como quien no quiere la cosa, empecé a escribir. Primero alentada por las amigas y luego, cuando las amigas ya no estaban estaba mi hermano Ginés y cuando él no estaba yo sola me inventaba historias de piratas, de naves espaciales, de príncipes y princesas y dragones. ¿Dónde estarán aquellas libretas que llené? Recuerdo que al final de curso, y como en casa no había demasiado dinero para nada, me dedicaba a sacarle las espirales a las libretas que había utilizado en la escuela, cuidadosamente separaba las páginas que habían quedado en blanco y hacía una nueva libreta limpia y dispuesta a rellenar. Estas cosas, aún hoy me hacen sonreír y es que había que buscarse la vida para hacer lo que uno quería. Los bolígrafos nunca se tiraban hasta que le había exprimido la ultima gota y la rabia que daba que se acabaran, porque nunca sabías si se podría comprar uno nuevo.
Por eso el verano solo me gusta porque puedo dedicarame a leer y a escribir, cosa que durante todo el año solo puedo hacer robándole horas al sueño. Ahora puedo hacerlo. Tengo los medios, pero todo parece más superficial. Falta aquel espíritu de sacrificio que me llevaba a crear cosas insospechadas, falta un poco de la ilusión de cuando eres una cría, faltan muchas amigas que nunca más he vuelto a ver y que eran las protagonistas de mis historias, faltan aquellas películas de doble sesión que me invitaban a imaginar nuevos mundos, falta mi hermano Ginés.
Y aunque todo está dispuesto, siento un vacío interior.
¿Será que me estoy haciendo mayor?